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Sanando en Casa Fustero

Equilibrio

en 13 junio, 2013

Después de varios minutos de práctica, Silvia introduce el saludo al sol. Esta serie dinámica es de las más populares entre los iniciados en el yoga, pero me sorprende descubrir en wikipedia que es bastante más reciente que otras posturas o secuencias. Aunque conozco casi todos los asanas que la conforman, se me hace difícil al principio recordar el orden, y sobre todo, la lógica de la alternancia de una pierna y otra. Esto último tal vez se deba a algún tipo de dislexia corporal sin diagnosticar que me impide recordar qué pierna estoy trabajando, o simplemente es que me hago un lío con tanto ir y venir de pies y manos, acostumbrada a la quietud calmada de las posturas estáticas.

Pero al terminar la primera parte, cuando mis manos vuelven a colgar suavemente junto a mis piernas y descanso, no queda duda de qué lado he estado trabajando. Silvia nos deja unos segundos para examinar nuestras sensaciones, y compruebo que hay una diferencia notable entre un lado y otro. Uno se siente más abierto y relajado, más largo y suelto, y el otro está como en blanco y negro y además borroso, desconectado. Tras la pausa de reconocimiento, Silvia nos explica que hemos trabajado el lado del cuerpo que rige el sistema nervioso simpático, y que vamos a trabajar el otro lado, que rige el parasimpático.

Trabajamos el otro lado, tarea imposible sin las indicaciones de Silvia sobre la respiración y qué pierna toca mover dónde. Ya nos iremos acostumbrando. Al terminar observamos tumbados en el suelo y con los ojos cerrados nuestras sensaciones interiores. Respiración agitada, ligera palpitación, relax total, ligero cansancio.

La observación de los efectos de la secuencia del saludo al sol en un lado sólo y en los dos me hace pensar en la simetría del diseño de nuestro cuerpo. Dos orejas, dos ojos, dos brazos con sus manos, dos piernas y sus respectivos pies. Cada par cumple su función, pero no todos de igual manera. Tomad las manos, por ejemplo: suele haber una que tiene mayor agilidad o destreza. Así mismo, el cerebro humano parece estar dividido en dos partes que cumplen funciones complementarias, necesarias ambas dos para desarrollar todas las tareas cognitivas propias de este órgano.

Ambos hemisferios se conectan y se necesitan, al igual que necesitamos nuestras dos orejas, nuestros dos ojos, los dos brazos con su manos y las piernas con sus pies. En el ejercicio del saludo al sol hemos aprendido que ambos merecen igual atención. Pienso también en la atención dual que prestamos a la respiración: inspirar y abrir, sintiendo la energía del aire que nutre cada rincón de nuestro cuerpo; expirar y relajar, dejando ir las tensiones y saboreando la tonificación del estiramiento. Una vez más la practica me acerca a la búsqueda del equilibrio entre opuestos que no lo son, pues todo en este mundo tiene su cara y su cruz y ambas partes son necesarias para comprender el todo. Om. 


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